Rudy Alvarado
Diseñador gráfico, informático programador, comunicador visual y artista
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Mis Relatos




Relatos basados en partidas del juego de rol futurista: LA TIERRA DEL MAÑANA.
Juego creado y dirigido por Rudy Alvarado. Aventura: La Unidad Divergente, año 3216.

Agradecimiento a los jugadores que me motivan, inspiran y me ayudan a cada día ser más y mejor persona: David Lorente (Soap), Sergio Garzón (Korrnis), Jose Farre (Pepe), Jaime Gracia, Ángel Gracia (A "los Gracia" nos repatea que nos confundan con García, que también es un gran apellido aunque no tanto pero sí más extendido)Alba López, Ester Lozano, Marc Guixé, David Lanau, Jorge Sánchez, Badr y Laia Bielma.

Capítulo 1: Fallo en heredar memoria genética

El Médico

Soy XR032451-UV, médico de la unidad de respuesta rápida del ejército de Nueva Europa y a pesar de llevar la armadura de división, sólo otorgada para los más veteranos ciudadanos, puedo notar el frío gélido de este planeta. A mi alrededor gritos y gemidos por heridas de combate, ésta está siendo la constante melodía dentro del bunker de comandancia, uno de los últimos refugios defensivos de la estación Europa R312 situada en el planeta K5 en la galaxia Dragón, a miles de años luz de la tierra.

Después de haber intervenido a más de 150 soldados y verles salir del bunker sabiendo que no se mantendrán en pie más de 5 minutos, empiezo a pensar que aquí está todo perdido. No conozco la fuerza invasora que nos ataca y esta maldita niebla es tan espesa que podría escribir en ella sin desdibujarse en minutos.

Un estruendo precede al impacto en la pequeña ventana rectangular del bunker, situada a nivel de suelo en la parte exterior pero por la cual yo observo desde dentro. El desplome del cuerpo de un soldado europeo ataviado en su dañada armadura y aún incandescente por una herida perfectamente circular que ha atravesado enteramente su pecho de extremo a extremo.
Ahora ya se que nos invade algún tipo de vida inteligente que domina el arte de la guerra con armas potencialmente destructivas.

- Los tenemos encima. Retumba mi pensamiento en mi cabeza.

Me paralizo, mi primer impulso es salir del bunker e ir a socorrer a mi compatriota pero mis piernas no responden, creo que es sólo la antesala de lo que pronto me sucederá a mi. No se cuanto tiempo transcurre hasta que escucho los gritos de Thorm, el Comandante en jefe de la misión en el planeta K5, quien hace presencia en el Bunker bajando las escaleras con un pequeño pelotón de soldados.
Thorm: - ¡Mac!, ¡Mac! Han caído B6 y B7 y pronto esas criaturas las tendremos encima, ¡hay que moverse!
Aunque los gritos eran cercanos a mi, los escuchaba tremendamente lejos y apagados hasta que Thorm puso su mano en mi hombro y me obligó sutilmente a girar la vista para mirarle.
En esta ocasión me habló calmado.
Thom: - Mac, volvemos a casa, recoge el material más indispensable. He venido a buscarte amigo.


Sonaron como el canto de las golondrinas en los primeros rayos del día. Me reconfortó tanto que en un momento mi cuerpo estaba lleno de energía. Asentí con la cabeza, acto seguido cogí mi maletín y los pocos viales que me quedaban. Salimos todos del bunker.

La imagen era desoladora, la refinería que vinimos a proteger situada al pie de la montaña yacía casi destruida, varias de nuestras naves derribadas y todavía incandescentes, soldados huyendo hacia las naves de evacuación situadas entre la refinería y nuestro bunker, cientos de cuerpos de soldados caídos y moribundos y las criaturas enemigas se podía contar por miles. Éstas estaban pertrechadas en armaduras de grueso hierro forjado bruscamente y de una estatura de casi 3 metros de altura, bípedos y grandes como rinocerontes, empuñaban armas de gatillo y garrotes fuertemente pesados. La batalla la perdiamos por momentos y su imagen estremecía.

Corrí con todas mis fuerzas, subía y bajaba la irregularidad de las trincheras como si fuera un terreno fácil y llano. Divisamos las naves de extracción a cincuenta metros cuando noté el frío cortante de ese planeta recorrer por todo mi cuerpo en menos de una fracción de segundo. Me habían alcanzado. Thorm me recogió y me cargó a su hombro. Mi sangre iba dejando a nuestro paso gotarrones de espesa sangre oscura.

Mis últimos recuerdos fueron sobrevolar el campo de batalla totalmente desolado y humeante, infestado de aquellas horribles criaturas entrando a la refinería mientras mis ojos se desvanecian a una oscuridad que jamás volvió a ver la luz.

Este es un fragmento de sueño del Nuevo Ciudadano S06551PE antes de despertar el día de su nacimiento. Posible error de heredación genética. Diagnóstico realizado por la máquina de incubación y gestación de la Ciudad Nación Europa, año 3516 después de la bombas.


El ingeniero E80486WX

Decidí alistarme a las guerras Orión. Me impulsó el hecho de leer día tras día las fatídicas noticias que recibíamos de nuestras tropas allí. "Europa retrocede", "Falta de mando" "¿Nos cala el miedo?", hasta que le dieron un cambio de enfoque a la contienda enviando unidades especiales equipadas con la mejor tecnología y armamento. Fue entonces cuando me enteré que buscaban expertos ingenieros en apoyo a unidades de élite.

- Me alisté y no me arrepiento.

La bruma es densa, el suelo verde de hierba crecida y una tierra tan húmeda que pisaba siempre sobre fango y charcos embarrados.
Las ráfagas de viento violentas, y gracias a que les precede un silbido atronador, podía preparar mi acometida inclinando mi cuerpo y aguantar a la tremenda sacudida similar a un empujón. No veo más allá de tres metros, y lo único que me guía es la voz de Arthur, el especialista en armamento pesado.

-¡¿ingeniero?! ¡¿ingeniero?! ¡¿Khar? ¿Dónde te has metido?!

Casi empalmando el final de la frase de Arthur escucho la comunicación de radio del Piloto de combate Joy con voz templada.

- Aquí Joy para especialista ingeniero, el Ordenador de la nave dice que tenemos dañado en el rotor de las hélices traseras. Necesito reestructurar las directrices de la nave para alzar el vuelo de nuevo. ¿Dónde estás?, necesito tu ayuda urgente.

Paro en seco, respiro profundo y evalúo. Se hace el silencio en mi cabeza mientras observo el negro barro cubriendo poco a poco mis botas metálicas y los tallos verdes de la hierba ondear a causa de la constante brisa.

Lo tengo claro. Primero la seguridad del equipo y así trabajaré más tranquilo en la reparación de la nave.
Me dirijo a arreglar el arma de Arthu.

La emoción de tener trazado el principio de mi plan de escape me hace correr hacia la voz que está demandando mi ayuda. Fue algo que casi me cuesta la vida. No estaba en un páramo o valle tal y como me imaginaba. No, la tierra tenía fin junto a esa densa niebla. Estaba en una isla de tierra y piedra flotante, elevada a varios kilómetros de altura de la superficie terrestre de aquel satélite próximo a los planetas Orión. Cuando quise frenar era tarde y noté como todo mi cuerpo se desplomaba por un instante al vacío y mi alma se separaba de mi cuerpo. Pero el brazo de Arthur me atrapó a la vez que agarraba una gran raíz que sobresalía del borde de aquella gran forma geológica flotante.

Tenía tanta adrenalina que arreglé el XRD* en menos de un minuto. Me movía como un autómata anticipándome a los inconvenientes que me encontraba. En ese momento me di cuenta de que mi preparación era absoluta.

- Gracias compañero.
Le dije cuando mi corazón dejó de palpitar a velocidad de carrera.
- Un poco más y no lo cuento.

Arthur me lanzó una palmada en el casco de complicidad.

En el chasquido que avisa la puesta de la célula de energía en el arma, me alerta de que ya está lista para funcionar y de nuevo la radio de mi casco vuelve a sonar. Era Joy.

- Khar, nos están atacando por el flanco derecho, hay que darse prisa en hacer funcionar este cacharro. No saldremos de esta si estás en Babia. Necesito que reconfigures el rotor trasero y salgamos de aquí cagando ostias.

Salí del agujero de Arthur y del soldado que le acompañaba. Corrí sin mirar hacia ningún lado que fuera en frente, ya pensando en los pasos que tenía que seguir para reparar la nave de cuatro hélices que nos había traído hasta este lugar, cuando de repente irrumpen dos criaturas del cielo a escasa distancia de mi. Eran aladas y muy parecidas a las avispas que tenemos en la tierra, pero éstas del tamaño de un humano fornido.

Alas tornasoladas, ojos negros y acristalados, escamas metálicas, unas antenas rígidas y serpenteantes que se movían en busca del sonido. Tres brazos por cada lado acabados en afiladas puntas como lanzas.

No supe que hacer.


Una de sus extremidades me atravesó la pierna izquierda, las otras el cuello y el abdomen. Desvanecí en pocos segundos viendo a las criaturas hablar entre ellas como si de una nueva emboscada estuvieran preparando. Remontaron el vuelo y todo se volvió oscuro.

Esto es parte de un fragmento de sueño del nuevo ciudadano E80486WX en la última fase de incubación.


*XRD siglas del arma de gran capacidad de disparo abreviada de: Extremo Rango de Disparo.


El Busca Retribuciones

Número de serie: G97245RI.
Misión: Sabotear los conductos de ventilación de la ciudad nación de Europa.
Dificultad: Muy alto nivel.

- Engin, una vez coloques la carga sal del edificio, dirígete a la plaza central que estará en frente. Allí y sólo en ese punto te pasaremos a buscar. Será en ese momento donde tu msión habrá concluido.

Fueron las últimas palabras que escuché del Ciudadano Mayor Darko Blue, uno de los siete mandatarios del Estado Mayor y último estamento gubernamental de la ciudad nación situado en el satélite Nueva Europa.

Mi misión era sencilla, hacerme pasar por un salvaje, reclutar un sequito de locos incivilizados, infiltrarme en Europa y volar por los aires los conductos de respiración de la ciudad nación.

Sencilla, o eso creía yo.

El polvo suspendido no me deja ver más allá de los humanos salvajes que tengo a mi alrededor. Dudosos incivilizados dispuestos a morir por una única causa. Sabotear las bombas de oxígeno artificial que alimentan a la ciudad nación de Europa para desestabilizar la seguridad y realizar un ataque masivo de características devastadoras.

Caminamos por la superficie arenosa durante horas hasta que un viento radiactivo nos irrumpe. El caminar se hace lento y dificultoso, la arena se introduce por toda nuestra ropa como si tuviera vida propia, y me tengo que tapar hasta no ver ni un ápice de mi piel porque la arena corta como hojas de cuchillas afiladas.

¡Lo encontré! Entre las dunas asoma la boca de un pozo antiguo. Ahí tengo marcado en el mapa la entrada al conducto anexo. Bajamos uno a uno envueltos en la húmeda roca fría del hoyo con los perseverantes silbidos de la tormenta de arena que hay en la superficie. El suelo es mohoso y encharcado, una puerta emborronada por el óxido y la roña nos impide el paso. Activo mi ordenador portátil del antebrazo y ejecuto los códigos de acceso. Detrás de un estallido leve de gas alrededor de la puerta, ésta se abre. El paso es lento pero reconfortante. Estamos dentro.
El túnel está lleno de conductos, cables y tubos. Intermitentemente escucho el sonido de un motor de un extractor de aire o refrigerador como también de irregular el tintineo de las luces encendiendose y apagandose quizá por mal funcionamiento o quizá por el escaso mantenimiento de las mismas.

- Según el mapa debería de ser esta la entrada.
Susurro al resto indicando la posible puerta.

Rata, el hacker abre su ordenador, aunque está muy distante en mi opinión de que ese amasijo de cables, circuitos y conexiones sea un ordenador.

"Click"

La puerta se abre y todos respiramos aliviados. Entramos en el complejo, un hangar subterráneo con máquinas de mantenimeinto y talleres de reparación. Grandes conductos con ventiladores incrustados ascienden hacia plantas superiores. Me aseguro de que todo esté tranquilo y seguidamente doy la orden de desplegarse y colocar los explosivos. Confío en que cada uno sepa lo que tiene que hacer y espero que resulten efectivas las horas de preparación de esta misión sin haberles dejado tocar ni un sorbo de alcohol.

Súbitamente se abre una puerta, ubicada en un extremo de la sala y elevada por unas escaleras. Hacen entrada dos ciudadanos soldados y sus actos no con llevaban ningún tipo de tarea ni trabajo constructivo, así que pensé que algo raro estarían tramando.
El silencio cortaba y recibía constantes cruces de miradas llenas de dudas y circunstancia de aquellos salvajes. Era un imprevisto difícil de solventar así que no tuve más remedio que echar mano al rifle de precisión, montarlo, calibrarlo y apuntar.

Fueron dos disparos limpios, silenciosos y efectivos.

Acabaron de colocar las cargas y me cercioné de que el dispositivo de acción remota estuviera enlazado con las bombas.

Finalicé mi trato con los salvajes con un disparo que finiquitaría a cada uno de esos bastardos.

Subí el edificio sospechosamente inerte de presencia humana. Salí al exterior y la noche bañaba el cielo. Caminé hasta la plaza central y ahí me esperaba un vehículo de combate.

Respiré aliviado y toda la tensión se evaporó de mis hombros cuando vi salir al General Blue del vehículo en mi encuentro.

- Señor, misión cumplida.
Espeté

- Buen trabajo Engin, has sido un ciudadano ejemplar por mucho tiempo, esta será tu recompensa por tantos años de servicio.

Me giró el General, señalando con su mirada al edificio. Totalmente confiado le acompañé la mirada y mis ojos se petrificaron en la construcción.

Lo último que escuché fue un disparo en la cabeza y un calor sofocante que recorrió mi cuerpo como un relámpago.

Este es un fragmento de sueño del nuevo ciudadano: G97245RI. Diagnóstico: posibles recuerdos recibidos por herencia genética.


El Avatar

Me cuesta respirar, no camino por mi propio pie y carezco de brazo derecho. Peso más de cinco veces el paso normal de un humano y eso es debido a los implantes biocibertecnológicos que tengo parcheados a mi sistema nervioso, los cuales recorren toda mi médula espinal. Allí donde me observo sólo veo un montón de clavijas conectadas a mi cuerpo que provienen de una gran máquina. La máquina de control remoto de Robots de Combate. Soy un Avatar, también vulgarmente conocidos como "Enchufados".

Estoy conectado a distancia al Robot de asalto regular XM300 Trooper, lo más común en Robótica militar que dispone la Ciudad Nación Europa.

Hemos encabezado el aterrizaje al planeta Uro en el sistema de tres soles dentro de la galaxia Rodón y nuestra misión es reconocer los casi 500 kilómetros de depresión que recorren el valle. Nos rodea una niebla densa seguramente provocada por la humedad extrema que caracteriza este lugar. Observo desde mi Robot a tres metros de altura, a los veinte soldados que corretean por alrededor mío. Somos la segunda compañía de la expedición en misión de reconocimiento y otro día más toca misión de exploración y reconocimiento.

La vegetación es exuberante y los árboles sobrepasan la espesa niebla húmeda. Salen a nuestro encuentro diferentes especies de animales, a cual más variopinto. Sus colores fucsia y verdes y su dominado movimiento me embriaga la mirada obligándome a mantener mis ojos sobre las bellas criaturas pero tengo que estar siempre atento al relieve ya que el terreno irregular y accidentado puede hacerme tropezar.

Una horas más tarde, se rompe el apacible silencio del valle tras un lejano ruido de gritos muy distorsionados.
El capitán nos manda avanzar sin contemplación y acto seguido solicita la nave de extracción para nuestra evacuación. Sin mediar más palabras entendemos por su rostro que aquellos gritos lejanos pertenecen a nuestros compañeros de la primera división.

Corremos atravesando obstáculos naturales que presenta el bosque. Me invade por primera vez un sentimiento de soledad.

- !Nos atacan! ¡Vienen de todos lados! Se escucha a veinte metros frente a nosotros.
- Maldita espesa niebla. Grito enfurecido a través de la radio.

Escuchamos como nuestra nave aterriza a decenas de metros delante nuestro.
Diez metros de carrera y atravieso la bruma. Miles de criaturas semejantes a ranas con aspecto humanoide armadas con lanzas y garrotes están atacando por todos los flancos a la primera división.

Las ametralladoras comienzan a resonar. Las luz de las células de energía deslumbran el lugar, mi corazón bombea a una velocidad exuberante. No paran de venir esas criaturas y están tan mezcladas con nuestros compañeros que ceso de disparar, puedo herir a mis compañeros. Mi estrategia es apuntar y disparo certero. Me invade la impotencia y después de veinte disparos sólo siento rabia.

Las cosas se complican, han invadido la nave y fuerzan la puerta. Enfundo la ametralladora, me armo con la espada.
Corro, sprinto, y arrollo todo lo que está a mi paso. Soldados y criaturas vuelan a mi alrededor. Rabia y culpa se apoderan de mi. La puerta se abre y entran decenas de esas Ranas. Mi espada no hace más que seccionar miembros y quitarse de encima a esos odiosos seres.

Mi temor se corrobora cuando accedo a las entrañas de la nave, el enemigo corre por doquier rompiendo cables y luchando con la tripulación.

A través del Robot veo mi cuerpo enchufado en mi sillón de pilotage, aquel preciado rincón donde siempre estuve tan a resguardo lo veo totalmente vulnerable rodeado. Caigo de rodillas contemplando como me atraviesas sus lanzas y me despedazan a mordiscos.

Todo se vuelve oscuro y poco a poco pierdo el sonido de la batalla que me rodea.

Esto fue mi primer recuerdo antes de despertar perteneciente al fragmento memorial como herencia genética de lo que fue alguien en el pasado. Soy el ciudadano PE87423XU, creado a partir de otros avatares para servir a la Ciudad Nación Europa. Año 3516 después de la bombas.


 




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